viernes, 19 de febrero de 2010

Sobre las políticas lingüísticas

En el 2008, el Gobierno Regional de Cusco estableció el idioma quecha como curso obligatorio en todos los niveles de educación en esta región, el cual debe ser enseñado a todos los estudiantes y representantes públicos. Estas medidas se tomaron debido a la gran cantidad de quechuahablantes en esta zona y como revaloración de dicho idioma ancestral. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha observado una tendencia por parte de los mismos quechuahablantes que los impulsa a intentar negar su propia lengua o al inculcarles a sus hijos el deseo de aprender únicamente el castellano; ya que, el mismo estado y la sociedad en sí muestran discriminación, olvido y desvalorización hacia el idioma quechua, al emitir leyes, propuestas educativas y decretos en castellano, y minimizar el uso y la importancia de su lengua nativa. Por este motivo, considero que si se quiere consolidar una verdadera democracia, en la que todos los ciudadanos puedan ser y sentirse parte de su país, se debe emplear una política lingüistica, que tenga en cuenta la diversidad de culturas que posee una nación.

Las políticas lingüísticas son las medidas que toma el estado para solucionar conflictos existentes debido a la presencia de varias lenguas en una región. Una política lingüistica pluralista tiene como objetivo respetar y validar todas las lenguas y sus vertientes; ya que, estas son la representación fiel de su cultura y de su forma de percibir el mundo. Por otro lado, una política lingüística asimilacionista busca el predominio de una lengua frente a las demás. Si se considera a la democracia como una forma de gobierno que garantiza la igualdad, el respeto hacia todas las culturas y formas de expresión, y las mismas oportunidades para todos los ciudadanos, entonces es seguro que una política lingüística pluralista será más compatible con los ideales de la democracia; puesto que serán todos los ciudadanos, sin excepción, los que formen parte del país y no sólo los grupos de poder.

Respetemos todas las lenguas, culturas e identidades como si se trataran de las nuestras, porque, a fin de cuentas, todos somos iguales y, por ende, todas las culturas valen por igual.

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