En primer lugar, la libertad de expresión es la facultad y el derecho que tienen todos los ciudadanos de expresar y dar a conocer sus pensamientos sin ser juzgados ni discriminados por ello. En una nación, la libertad de expresión representa un pilar fundamental para el desarrollo respetuoso y armonioso de la sociedad, en tanto permite a los ciudadanos mostrar la realidad y situaciones de su país que deben ser cambiados, eliminados o mantenidos. Por ello, los medios de comunicación, y, más aún, los canales de televisión, al ser uno de los pocos medios en mostrarnos la realidad tal como es, por medio de imágenes y escenas, deben gozar del derecho a informar con veracidad y transparencia, sin sentirse presionados o manipulados por el poder del Estado, quien buscará dar a conocer todo lo que le favorezca y desechar lo que le perjudique.
En segundo lugar, el control de los contenidos de los programas por parte del estado generará, como ya se ha mencionado, que la información a la que tenga acceso una persona se encuentre incompleta o limitada, según la conveniencia del Gobierno. En otras palabras, la verdad será segmentada y se recurrirá al engaño y a la mentira para favorecer sólo a unos pocos. Lo mencionado anteriormente producirá que se consolide un atentado contra la democracia, puesto que una nación no puede considerarse a sí misma democracia si se desarrolla en un ambiente de mentiras y en un espiral de engaños. Este atentado contra la democracia no hará más que favorecer la instauración de estados totalitarios, en los cuales se cometan abusos y crímenes sin castigo; ya que, el estado los respalda y protege. De este modo, el presente y el futuro de una nación dependerían únicamente de una persona y sus ideales. Por este motivo, si se quiere evitar caer en un gobierno totalitario, es importante que el estado no posea el control de los contenidos de los programas de los canales de señal abierta.
En conclusión, los estados deben respetar y vela por la libertad de expresión, la cual permitirá que la sociedad en la que vivimos sea más justa y que todos tengamos acceso a la información tal como es, sin ser manipulada según la conveniencia de algunos. Por otro lado, si se desea consolidar una verdadera democracia libre de totalitarismos y opresión, es necesario que el estado no sienta esos deseos de controlarlo todo, ni mucho menos de engañar a su pueblo con falsas realidades. Así, pues, si podemos garantizarnos que uno de los principales derechos y valores, como lo es la libertad de expresión, es respetado, entonces podremos sentirnos tranquilos de pertenecer a una sociedad más equitativa y transparente.
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